jueves, 15 de noviembre de 2012

El Triángulo de los Pañales. Por Mami


Ya algo esbozamos sobre la complejidad inherente a la relación con TU Pediatra. Hoy  vamos a profundizar sobre una de las muchas razones por las cuales la dinámica con EL no es tan sencilla como, digamos, la relación con tu dentista: el padre de la criatura. ¿Por qué? porque salvo que seas madre soltera (lo que facilita mucho algunas cosas), o que tu pareja sea otra mujer (en cuyo caso ambas sufrirán el SEP con la misma intensidad y sin conflicto); el señor que puso la semillita siempre termina siendo una especie de tercero en discordia.
Seamos sinceras, por mucho que adores a tu marido, para lo único que querés que te acompañe a la consulta con TU Pediatra, es para llevarte el bolso de los pañales e ir a estacionar el auto –o a lo sumo, para entretener al monstruo mientras vos tratás de retener todo lo que EL te está diciendo. Pero la verdad es que no dá para decirle que te banque en la sala de espera, no porque a vos no te guste la idea, sino porque por más que EL tenga una secretaria tetona… Papi no va a querer quedar al margen: él tiene su dignidad de padre y tiene que entrar a preguntar pavadas peores que las tuyas, y a dar sus puntos de vista, siempre inconsultos, sobre la evolución de la tos del chiquitín.
Mayormente, lo que mueve a Papi a levantar el traste de su oficina un miércoles a las 15.40, y acompañarte a llevar al personajito al Pediatra es… Los Celos. Sí, no te rías, tu marido le tiene celos al Pediatra. No es que piense seriamente que te lo querés levantar –cuando se trata de la salud de tu pichón no registrás si quien le está mirando los oídos tiene la cara de George Clooney o la de George Washington- ni mucho menos que EL te quiere levantar a vos (con los 8 kilos mal ubicados que te quedaron del embarazo, y el constante desequilibrio emocional que exhibís en su presencia); sino simplemente que intuye que no podés vivir sin EL, lo cual es enteramente cierto y no tiene sentido negar, como ya explicamos.
Hay que reconocerle a Papi que sus celos con respecto al Pediatra son un poco culpa de EL. La mayoría de los Pediatras (así como la mayoría de los obstetras) le habla solamente a la mamá (o embarazada), casi como si el padre fuera un holograma. Desconozco los motivos por lo que esto ocurre, pero el hombre –que en la sala de espera todavía conserva cierta entidad- entra al consultorio y automáticamente es ignorado por su mujer, por el Pediatra, e incluso por el bebé. Papi queda paradito ahí, en su personificación de perchero y nadie se percata de su presencia hasta que pregunta alguna boludez como hacerse notar, y alguno de los 2 adultos involucrados le contesta con un monosílabo, sólo para automáticamente seguir todos en la suya.
Vos, ante las escenitas de celos de tu maridos, podés reaccionar de varias maneras, dependiendo de tu propia inestabilidad mental: (i) si sos medio perra o pensás que él te caga con su secretaria, lo incentivás para que crea que de verdad hay algo (de esa manera, como beneficio colateral, te asegurás tener chofer para todas las consultas); (ii) si el puerperio te pegó mal, armás un escándalo lacrimoso porque tu marido no confía en vos e insinúa que sos medio rapidita; y  (iii) si sos una persona más o menos razonable…lo ignorás olímpicamente, porque con todo lo que tenés entre manos te dá fiaca dedicarle energía a tratar de que tu marido comprenda lo que para vos, tu hermana, tu vieja, y tus amigas es obvio: que ese señor no es para vos un hombre, sino, como dice mi mamá que es medio espamentosa: un ángel de la guarda.
Pero convengamos que por más que te hagas la superada, la ofendida o lo que quieras, tu media naranja algo de razón tiene. Vos, en más de una ocasión hubieras dado la mitad de tu licencia por maternidad por estar casada con EL. De nuevo quiero aclarar que no se trata de atracción, no hay nada menos erótico que discutir sobre si la caquita es verde o más bien tirando a amarilla; pero saquémonos las caretas ¿de qué nos sirve un abogado, un arquitecto o un ingeniero cuando nuestro hijo tiene fiebre a las 3 de la mañana?. Exacto, de nada, encima se pone nervioso y tenés que lidiar con 2 criaturas alteradas.
Creo que la mejor forma de explicarlo es la analogía con el embarazo: ¿quién no quiso, en algún momento de su primer trimestre comprarse un ecógrafo para asegurarse que la arveja humana que tenía adentro seguía latiendo??? Bueno, con el Pediatra pasa más o menos lo mismo, pero como no queda bien (y es ilegal) comprarte un Pediatra, por momentos te reprochás el no haber ido a buscar novio a la puerta de la facultad de medicina; con lo fácil que te hubiera resultado en ese momento, usando toda la influencia sobre los hombres que tenías a los 23 años (que 10 años y 10 cms de diámetro de cadera más tarde, ya no tenés), conseguir que el candidato te cumpliera el caprichito y siguiera la especialización en Pediatría.
La realidad es que por lo que dicen mis amigas solteras, la calle está dura; y si tuviste la suerte de conseguir un marido –o concepto asimilable-, que te banque durante todo el embarazo, que no salga corriendo durante la licencia, ni la lactancia, ni la evolución de la cesárea, deberías darle prioridad a sus sentimientos. Pero la verdad…es que no tenés la menor intención de hacerlo. En relación a esta lucha desigual, yo siempre me acuerdo del capítulo de Los Simpson en el que Marge le dice a Homero “No me hagas elegir entre mi hombre y mi dios, porque perderías…”: reemplacemos “dios” por “Pediatra” (y “mi” por “MI”), y tenemos un panorama cercano de las posibilidades de éxito que tiene tu cónyuge con sus planteos.
Igual, este post tiene un final feliz: después de un par de meses, tu marido se dá cuenta de lo infantil de sus celos (básicamente porque todavía no bajaste los 8 kilos ni se te acomodaron las hormonas, y se convence de que no hay ninguna posibilidad en el mundo de que EL te tire onda); y empieza de a poco a darse cuenta que detrás de esa fachada profesional hay un tipo de carme y hueso que te soporta tan poco -y te sufre tanto- cómo él, y que con lo desquiciada que estás no te tocaría ni con un puntero laser. Por suerte, en mi caso particular mi marido ya está en la etapa de decir que “es un fenómeno”, y lo único que no le gusta de EL es que sea de Boca.

2 comentarios:

  1. Hermoso planteo Mami.
    En mi caso, marido y padre, ni siquiera tuve la suerte de que la secretaria del pediatra estuviera buena. Todo lo contrario.
    Es más, tuve la desgracia de tener un pediatra con uno de esos consultorios tradicionales de Barrio Norte tapizados de madera y con olor a polilla. Y en mi recuerdo ni siquiera aparece un sudoku como para justificar estar al pedo en la sala de tortura (perdón, sala de espera).

    Me gustó la idea de hacer tráfico de pediatras, tipo delivery de bebidas. Me imagino el book a disposición de las mamis para elegir el que más se adapta a sus necesidades (y urgencias).

    Gracias por compartir.

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    1. Gracias HE! Próximamente, post especial sobre salas de espera, secretarias y afines. Sudoku? olvidate! en mi caso mi actividad en la sala de espera consiste en perseguir a mi hija por todo el consultorio y tratar de evitar que haga cosas que después me hagan aparecer en los post de EL!
      Buena idea la del book! creo que nos llenamos de oro!
      Muy bueno tu blog. Saludos. Mami

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